Estamos viviendo un nuevo escenario en términos impositivos: ¿de qué sirve para la empresa agropecuaria que baje un impuesto nacional si lo que se ahorra por un lado se va por el otro en la boleta del inmobiliario rural o la tasa vial?
Durante años, la conversación del campo tuvo un único gran villano impositivo: el gobierno nacional y sus retenciones. Sin embargo, en el último tiempo estamos viviendo un escenario distinto: mientras que a nivel nacional se perciben ciertas señales de alivio o promesas de rebaja tributaria, las provincias y los municipios han salido a compensar sus propios números, ajustando impuestos y tasas.
En el fondo de la cuestión, ¿de que sirve para la empresa agropecuaria que baje un impuesto nacional si lo que se ahorra por un lado se va por el otro en la boleta del inmobiliario rural o la tasa vial?
El alivio nacional promete aire
A nivel central, las medidas de simplificación y la quita de regímenes distorsivos (como el fin del Impuesto PAIS) buscan devolverle algo de competitividad al sector. Son medidas que van en la dirección correcta para reducir el costo de los insumos importados y simplificar la burocracia de los trámites diarios.
Sin embargo, el impacto positivo de estos cambios suele trasladarse de forma gradual a los números de la empresa. No es un alivio instantáneo, sino un freno a la presión constante.
La contracara: Tasas e Inmobiliario en rampa ascendente
La reestructuración de la política presupuestaria nacional tuvo efectos no deseados. En efecto, ante el recorte de transferencias desde la Nación, muchas administraciones provinciales y municipales salieron a buscar caja donde siempre es más fácil recaudar: la tierra.
- Inmobiliario Rural: Aumentos en las valuaciones fiscales y alícuotas que en varios distritos superaron holgadamente la inflación, encareciendo el costo por hectárea propia o arrendada.
- Tasas Municipales (Mantenimiento de Red Vial): Cobros que crecieron exponencialmente bajo la promesa de mantener los caminos rurales, pero que en la práctica funcionan como un impuesto directo a la producción sin una contraprestación acorde al incremento monetario.
El desafío: una mirada integral de los compromisos impositivos.
Hoy la gestión tributaria del campo debe prestar la misma atención en lo que se tributa a nivel provincial y municipal y no solamente en encontrar herramientas de planificación fiscal por los impuestos nacionales.
Entonces, qué debería hacer el empresario del campo:
- Sobre las tasas locales: Exigir transparencia sobre el destino de los fondos en los caminos rurales, factor clave de logística y competitividad, y a los que los Municipios no mejoran o solo lo hacen parcialmente.
- Revisar las valuaciones provinciales: Controlar los aumentos del Inmobiliario Rural para detectar posibles inconsistencias o cobros indebidos.
- Calcular el costo real por hectárea: Evaluar el impacto combinado de todos los tributos antes de cerrar contratos de alquiler o planificar la campaña.
En conclusión
El escenario impositivo está cambiando de cancha. La presión fiscal no desapareció; simplemente cambió de domicilio. Entender esta dinámica es fundamental para que el alivio que se busca por un lado no termine absorbido por la ventanilla de al lado.
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Alejandro Larroudé
Contador Público Nacional
Socio y director de Impuestos de BL&Cia – Barrero Larroudé
Foto de Andres Alaniz
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