Navegando la Incertidumbre: Claves para la Gestión Estratégica del Riesgo Agropecuario

El agro es una fábrica a cielo abierto expuesta a variables incontrolables pero la gestión del riesgo nos permite dejar de ser espectadores pasivos de la incertidumbre para convertirnos en gerentes activos de nuestra propia resiliencia.

En el agronegocio, dar un paso implica, inevitablemente, caminar sobre la cornisa de la incertidumbre. Como ilustra una cita del escritor argentino Julio Cortázar, “todo es impreciso, posible e improbable”1. Sin embargo, en el campo, esta imprecisión se traduce en la posibilidad concreta de enfrentar pérdidas potenciales significativas cuando las variables clave del negocio escapan a nuestro control. Asumir que los riesgos son ineludibles es el primer paso; el verdadero desafío —y lo que separa a las empresas que perduran de las que fracasan— es saber cómo gestionarlos.

La balanza del riesgo y la recompensa

No existe actividad humana, y mucho menos agropecuaria, exenta de riesgos. La regla de oro de las finanzas establece un “trade-off” o compensación directa: a mayor riesgo, mayor debería ser la recompensa esperada.

Nadie en su sano juicio aceptaría sembrar maíz en una zona de alta variabilidad climática y volatilidad de precios si la rentabilidad esperada fuera la misma que la de un bono del Tesoro de EE.UU. (de riesgo casi nulo). Esa diferencia de rentabilidad que se le exige al lote es lo que llamamos “Prima por Riesgo”.

A esto se le suma una dimensión ineludible: el tiempo. A mayor horizonte temporal, la incertidumbre se modifica y se multiplica. Las decisiones no conllevan el mismo peso si hablamos de un cultivo de maíz (6 a 8 meses), un ciclo de engorde de un galpón de pollos (60 días), un ciclo ganadero vacuno (2 a 3 años) o una inversión forestal en eucaliptos para madera de calidad que demorará entre 10 y 14 años en ver sus frutos.

El mapa de las amenazas

Gerenciar el riesgo exige, en primera instancia, analizarlo: entender a qué nos enfrentamos y estimar su frecuencia y severidad. El ecosistema de amenazas es amplio y podemos dividirlo en varias categorías:

  • Riesgos de Producción: Desde los embates climáticos (sequías, granizo, inundaciones) hasta las enfermedades y plagas. El impacto es tangible: basta mencionar que la sequía de 2022/2023 le costó a la Argentina alrededor de 3 puntos de su PBI.
    Monitorear fenómenos como El Niño y La Niña (ENSO) resulta fundamental para la planificación. También entran aquí los riesgos sanitarios, como, por ejemplo, los brotes de influenza aviar que paralizan exportaciones.
  • Riesgos Económicos: La alta volatilidad de precios de los mercados de comodities, sumada a la inflación local y las variaciones en el tipo de cambio.
  • Riesgos Humanos y Sociales: Incluyen desde accidentes laborales graves con maquinaria, hasta daños a terceros o conflictos sociales y normativos (huelgas, piquetes, leyes ambientales, riesgo país).
  • Riesgos Globales: Factores macro como la adaptación al cambio climático, los precios de la energía y los alimentos, las crisis hídricas y las confrontaciones geoeconómicas o bélicas.

Las cuatro cartas para jugar ante el riesgo

Una vez que el productor agropecuario evalúa su propio nivel de tolerancia al riesgo —sabiendo que existen perfiles “totalmente aversos”, “conservadores”, “poco aversos” y “jugadores”— llega el momento de la toma de decisiones. Existen cuatro estrategias fundamentales para gerenciar la incertidumbre:

  • Evitar: Si el riesgo es demasiado alto, la decisión es, de ser posible, cancelar el plan o negocio.
  • Mitigar: Reducir el impacto mediante la diversificación de actividades, de tecnologías, de manejo, de planteo productivo, de lugar de producción, etc. y la elección de tecnologías más resilientes o compartir el riesgo (por ejemplo, mediante el asociativismo).
  • Transferir: Pasar la carga del riesgo a un tercero. Esto se logra mediante la contratación de seguros, herramientas de cobertura de precios en Mercados de Futuros, contratos de venta anticipada o leasing.
  • Asumir: Decidir conscientemente no tomar medidas de transferencia y enfrentar el riesgo mediante autoseguro o reservas de capital propio. Esto requiere asegurar fuentes de fondeo propio y de origen diferente al negocio evaluado para poder hacer frente al eventual suceso de riesgo.

Para evaluar que cartas jugar es imprescindible cruzar dos variables claves: la intensidad (leve, grave, catastrófica) y la frecuencia (baja, media, alta).

Midiendo lo difícilmente medible

Para profesionalizar la gestión, la medición intuitiva ya no alcanza. Las empresas agropecuarias modernas pueden recurrir a metodología indirectas de medición del riego con herramientas sencillas como análisis de sensibilidad o tecnologías más sofisticadas como análisis de escenarios ante distintas variables. (métodos determinísticos).

Sin embargo, el verdadero salto de calidad se da con los métodos probabilísticos. Mediante herramientas de simulación como Monte Carlo (usando software como @Risk u otras plataformas similares se pueden procesar múltiples variables y obtener histogramas que predicen, por ejemplo, qué probabilidad tiene un cultivo de dar un margen neto negativo bajo un escenario particular.
Finalmente, la estructura financiera del negocio también debe considerar el riesgo sistemático del mercado. Utilizando modelos financieros como el CAPM (Capital Asset Pricing Model), es posible calcular la tasa de descuento adecuada que debe exigirse a un proyecto agropecuario.

En conclusión

El agro es una fábrica a cielo abierto expuesta a variables incontrolables. No podemos predecir con exactitud si granizará, si un conflicto global disparará los precios de los insumos o si un nuevo virus cerrará un mercado. Sin embargo, la gestión del riesgo nos permite dejar de ser espectadores pasivos de la incertidumbre para convertirnos en gerentes activos de nuestra propia resiliencia.

  1. Cortazar, Julio, ¿Dónde estás Lamia?, en Cuadernos inesperados, Edición de Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga. México: Alfaguara, 2009. 486 p. ↩︎

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Por Victor Piñeyro, Gerente de Agronegocios en BL&Cia.
Photo by Loren King on Unsplash

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