Retenciones en cada cobro, sistemas provinciales incompatibles y horas de trabajo perdidas en trámites: cómo el laberinto burocrático ahoga el crecimiento y la inversión del sector productivo.
Llevar adelante un negocio en el país exige hoy mucho más que tener un buen producto o brindar un servicio eficiente. Para cualquier pequeña o mediana empresa, una porción desproporcionada del tiempo y del presupuesto mensual no se destina a producir, sino a responder a una telaraña burocrática que parece no tener fin.
El impacto sobre el sector productivo no se mide únicamente en la cantidad de dinero que se paga en concepto de impuestos. El verdadero desgaste cotidiano radica en la multiplicidad de regímenes de información, percepciones y retenciones que se aplican en cada movimiento: al facturar, al cobrar una venta o al abonar un insumo o un servicio.
Lo que en la práctica ocurre es un traslado de tareas operativas: el sector privado termina asumiendo, con sus propios recursos, el trabajo de control y fiscalización que le corresponde a los organismos públicos.
La complejidad se multiplica para aquellos emprendimientos que buscan expandirse más allá de su provincia de origen, operar en varias de ellas significa lidiar con sistemas informáticos incompatibles entre sí, calendarios de vencimientos superpuestos y normativas locales contradictorias. Esto obliga a contratar software contable especializado costoso y a dedicar valiosas horas de trabajo a liquidar trámites administrativos en lugar de buscar clientes, innovar o crear puestos de trabajo de calidad.
Este esquema tiene, además, un costo directo sobre la competitividad de la economía. En cada eslabón de la cadena de valor se van acumulando costos fiscales y administrativos que terminan impactando en el precio final de los bienes y servicios. Por un lado, en el mercado nacional los precios de productos y servicios se encarecen y por el lado de la exportación, los productos nacionales llegan a los mercados internacionales cargados con costos que sus competidores de la región no enfrentan, lo que limita de forma drástica las posibilidades de exportar.
Ordenar este laberinto tributario y simplificar las obligaciones formales es una necesidad de desarrollo. Si el objetivo es que las pymes crezcan, inviertan y generen empleo genuino, el Estado debe aliviar la carga de gestión administrativa y permitir que las empresas se concentren en lo que mejor saben hacer: trabajar y producir.
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Alejandro Larroudé – Contador Público Nacional
Socio y director de Impuestos de BL&Cia – Barrero Larroudé
Photo by Sami TÜRK
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